El Apodo Que Delató La Alianza Que Nadie Quería Ver En El Puerto
El Apodo Que Delató La Alianza Que Nadie Quería Ver En El Puerto
El operativo empezó a las 3:47 de la madrugada. El venado todavía no sabía que ya no tenía salida. Había esquivado a las autoridades durante meses, corriendo entre las calles de Colima como quien conoce cada grieta del asfalto, cada callejón sin salida que en realidad sí tenía una puerta trasera. Pero esta noche la Marina había llegado primero. No con helicópteros. No con ruido. Llegaron con mapas satelitales, con horas de inteligencia, con la certeza de que esta vez el animal no iba a cruzar el monte antes de que sonara el tiro de gracia. Eran las primeras horas del 11 de junio de 2026. José de Jesús, de treinta años, alias “El Chuiro Roñas” o “El Venado”, tenía una orden de aprehensión por homicidio calificado en grado de tentativa. Había intentado matar a alguien. No lo logró. Pero aún así, durante meses, siguió libre, siguió operando, siguió moviéndose como si la justicia fuera un rumor lejano. Cuando la Marina lo rodeó, cuando los elementos de la Secretaría de Seguridad Estatal cerraron el perímetro, el venado no corrió. Por primera vez en su vida de fugitivo, entendió que el cazador había aprendido todos sus trucos. Adentro encontraron un arma automática, de esas que solo carga un integrante activo de un grupo armado. Y drogas. Muchas drogas. Pero lo que los reflectores no capturaron esa noche fue la verdadera razón por la que el venado se había convertido en un objetivo prioritario. No era solo un sicario más. Era una pieza en una partida de ajedrez que se juega con puertos, con precursores químicos y con una alianza que puede cambiar el mapa del narco mexicano. Quédate. Porque lo que voy a contarte conecta un barrio de Colima con los hijos del Chapo, con los Mayos y con la guerra más sangrienta que este país ha visto en décadas.
La Secretaría de Marina no despliega un operativo conjunto con fuerzas estatales para detener a un delincuente común. Se necesita que el objetivo sea lo que las autoridades llaman un “objetivo prioritario”. Esa palabra no se usa para cualquiera. Se usa para alguien que genera violencia, que coordina, que sostiene la operación de un cártel en el territorio. El Venado era exactamente eso. Tenía una orden de aprehensión vigente. Había intentado matar a alguien. Y a pesar de eso, durante meses, siguió libre. ¿Por qué le costó tanto a las autoridades atrapar a un solo hombre? La respuesta está en su apodo. En el mundo del narco, los apodos casi nunca son al azar. A un hombre no le dicen “El Venado” porque sí. Se lo dicen por una de dos razones. La primera: porque corre, porque se escapa, porque cuando lo persiguen desaparece entre el monte como un venado que conoce cada vereda, cada escondite, cada salida. La segunda razón es más escalofriante: porque es la presa. Porque tarde o temprano, al venado alguien lo caza. Durante meses, El Venado fue lo primero: el que se escapaba, el que tenía a las autoridades corriendo detrás sin poder alcanzarlo. Hasta que se convirtió en lo segundo: la presa. Y el cazador esta vez fue la Marina.
Cuando por fin lo agarraron, le aseguraron un arma automática y diversas drogas. Todo quedó a disposición de las autoridades. El Venado dejó de correr. Pero aquí está lo primero que no cuadra y que hay que guardar para más adelante: El Venado no cayó solo. No fue un golpe aislado. Fue el cuarto golpe en menos de un mes contra la misma organización. Cuarto en menos de treinta días. Y cuando se ve la lista completa, se entiende que esto no es casualidad. Es una cacería.
Retrocedamos unas semanas. El 13 de mayo de 2026 cayó un hombre apodado “Billy Boy”. No era cualquiera. Era el jefe de sicarios de Los Mezcales. El que coordinaba los grupos armados, el que reclutaba asesinos. Capturar al jefe de sicarios debería dejar a una organización paralizada, descabezada, fuera de combate. ¿Y sabes qué pasó? Absolutamente nada. La organización no se detuvo ni un solo día. ¿Por qué? Porque apenas unas semanas después de la caída de Billy Boy, un hombre apodado “Blanco” ya había ocupado su lugar como nuevo jefe de sicarios. El puesto se llenó casi de inmediato, como si ya hubiera alguien formado en la fila esperando su turno. Y el 8 de junio, Blanco también cayó. Pero no cayó solo. Junto a él agarraron a otro operador: uno encargado de la logística y de coordinar a Los Mezcales con células en otros estados del país. Fíjate bien en ese detalle: células en otros estados. Porque va a ser clave para entender el final de esta historia.
Cuenta conmigo los golpes. Jefe de sicarios capturado. Su reemplazo, capturado. El coordinador de logística interestatal, capturado. Y ahora El Venado: objetivo prioritario, generador de violencia, capturado. Cuatro golpes demoledores en menos de un mes. Eso no es suerte, ni casualidad, ni una racha. Eso es una cacería sistemática, planeada, ejecutada con precisión militar. La Marina decidió que Los Mezcales son una prioridad nacional. Pero, ¿por qué? ¿Por qué un cártel que nació en un barrio de Colima se convirtió de repente en blanco prioritario de la Marina Mexicana?
Para entender la respuesta hay que viajar treinta años atrás. Mucho antes de que existieran Los Mezcales, mucho antes de que el CJNG dominara el occidente de México, Colima ya era cuna de una organización legendaria. Se llamaba el Cártel de Colima, y lo dirigían tres hermanos: José de Jesús, Adán y Luis Amescua Contreras. La prensa internacional los bautizó como “los reyes de la metanfetamina”. ¿Pero cómo llegaron tres hermanos de un estado tan chiquito a ser reyes de algo a nivel mundial? Los hermanos Amescua fueron pioneros. Entendieron antes que casi cualquiera en el planeta que el futuro del narco no estaba en las drogas que se cultivan en la tierra, sino en las que se cocinan en laboratorios con químicos traídos desde Asia. Importaban toneladas de efedrina desde la India y Tailandia. Las metían por un punto muy específico. ¿Por dónde las metían? Por el mismo lugar que hoy lo explica todo: el puerto de Manzanillo.
El puerto comercial más importante de México y uno de los más activos de toda América Latina. Esa es la verdadera razón por la que Colima nunca deja de parir narcos peligrosos. No es coincidencia, es geografía pura. Por Manzanillo entran los precursores químicos que llegan de Asia, los mismos que se necesitan para fabricar metanfetamina y fentanilo. Quien controla, aunque sea un pedazo de ese puerto, controla una de las llaves de la producción de drogas sintéticas de todo el continente. Por eso, desde los Amescua en los años 90 hasta Los Mezcales hoy, el premio siempre ha sido el mismo. Cambia el nombre del cártel, cambia la cara del capo, pero el tesoro nunca cambia: el puerto.
Los hermanos Amescua no eran simples traficantes de pueblo. Tenían contactos en Asia, en Europa, en Estados Unidos. Construyeron una red internacional desde un estado mexicano diminuto. Demostraron que el tamaño del estado no importa cuando tienes la llave correcta. Y la llave correcta siempre fue y sigue siendo ese puerto. Recuérdalo, porque cuando revele con quién se está aliando hoy Los Mezcales, vas a entender por qué esa vieja lección se acaba de convertir en la cosa más peligrosa de todo el occidente de México.
El imperio de los Amescua cayó cuando los hermanos fueron capturados entre finales de los 90 y principios de los 2000. Pero su lección quedó sembrada en el territorio. Desde Colima, desde ese puerto, se puede construir un imperio. Y siempre habría alguien dispuesto a recoger esa herencia. Pasaron los años. Llegó el CJNG. Dominó el estado. Y entonces, alrededor de 2022, ocurrió la traición que dio origen a nuestra historia. Un grupo de operadores que trabajaban para el CJNG en Colima se rebelaron contra la organización de El Mencho y se declararon independientes. Tomaron su nombre de un barrio del centro de la ciudad de Colima: el barrio del Mescalito. Así nacieron Los Mezcales. Y desde el primer día estuvieron en guerra contra su antigua casa, el CJNG, por el control del estado y del puerto.
Esa guerra convirtió a Colima durante años en uno de los lugares más violentos del planeta entero. Un estado de menos de 800,000 habitantes con tasas de homicidio comparables a una zona de guerra. Esa violencia se metió hasta en las cárceles. A finales de enero de 2026, un motín en el penal del estado dejó nueve internos muertos y siete heridos en ejecuciones con armas de fuego adentro de la prisión. Cuando la guerra llega hasta las celdas, sabes que ningún rincón del estado está salvo. Ese motín no fue solo violencia carcelaria. Fue una señal de que la guerra por Colima estaba entrando en una fase nueva, más intensa, más desesperada.
Pero, ¿qué volvió tan feroz la guerra justo a principios de 2026? La respuesta es exactamente la pieza final. A inicios de este año, las autoridades revelaron una posible alianza de Los Mezcales con “Los Mayos”. Es decir, con la Mayiza, la facción del Cártel de Sinaloa que comanda El Mayito Flaco y que está en guerra a muerte contra Los Chapitos, los hijos de El Chapo Guzmán. Léelo de nuevo porque es enorme. Un cártel que nació en un barrio de Colima ahora se está conectando con uno de los bandos de la guerra más sangrienta del narco mexicano. ¿Y por qué eso convierte a El Venado en objetivo prioritario de la Marina? Aquí está la respuesta completa, la que explica todo lo que viste en este video.
Si Los Mezcales se alían con la Mayiza, entonces el puerto de Manzanillo —esa llave de los precursores químicos que viene desde los tiempos de los Amescua— podría quedar conectado a la red de uno de los bandos de la guerra de Sinaloa. Eso le daría a la Mayiza una ventaja logística devastadora contra Los Chapitos. Le daría acceso al puerto más valioso del Pacífico mexicano. Por eso la Marina, que es la fuerza encargada de la seguridad portuaria, está cazando a Los Mezcales pieza por pieza, captura por captura. No están combatiendo a un cártel local cualquiera. Están intentando evitar que ese puerto se convierta en el arma secreta de un bando en la guerra nacional del narco.
¿Te acuerdas de esa pieza que te pedí que guardaras? La del operador de Los Mezcales que coordinaba con células en otros estados. Ahora cobra sentido. Una organización que nació en un barrio no necesita coordinadores en otros estados, a menos que se esté preparando para conectarse con algo mucho más grande. Esa expansión no era casual. Era el primer indicio de que Los Mezcales se estaban tejiendo dentro de la red nacional de la Mayiza. Todas las piezas, una por una, apuntan en la misma dirección. Ahora todo encaja. El objetivo prioritario, la cacería sistemática de cuatro capturas en un mes, la intervención de la Marina, el coordinador interestatal, la herencia de los Amescua. Todo apunta al puerto. Todo apunta a impedir que Manzanillo cambie de manos en el peor momento posible, justo cuando la guerra entre Los Chapitos y la Mayiza está en su punto más sangriento.
Y aquí está la verdad incómoda con la que te dejo. Capturar a El Venado es un golpe, pero lo más probable es que no sea definitivo. Porque ya viste el patrón con tus propios ojos. Cada vez que cae un operador de Los Mezcales, otro aparece para ocupar su lugar en cuestión de semanas. Billy Boy cayó y llegó Blanco. Blanco cayó y la estructura siguió. El Venado cae hoy, y lo más probable es que la organización ya tenga listo a su reemplazo esperando en la fila. Porque mientras el puerto siga siendo el premio, y mientras haya jóvenes sin futuro en Colima dispuestos a tomar las armas —como los ha habido desde los tiempos de los hermanos Amescua— siempre va a haber un nombre nuevo, un apodo nuevo, un objetivo prioritario nuevo.
El Venado dejó de correr el 11 de junio de 2026. Pero la cacería en Colima apenas está calentando. Y la verdadera pregunta ya no es cuántos van a caer. Es si el puerto de Manzanillo va a terminar en manos de la Mayiza antes de que la Marina logre cortar esa alianza. De eso depende, en buena parte, quién gane la guerra más grande del narco mexicano.
Hay un silencio en los partes oficiales que los periodistas que cubren el narco conocen bien. Es el silencio de lo que todavía no pueden decir. Las autoridades confirmaron la captura de El Venado. Confirmaron el arma automática y las drogas. Pero no confirmaron —porque todavía están cruzándolo— el nombre del operador interestatal que cayó junto a Blanco. Ese nombre, cuando se publique, podría ser la primera línea visible de la alianza con la Mayiza. También hay un detalle sobre el apodo “Venado” que la mayoría de la gente no sabe: en el argot de la sierra de Colima, llamar “venado” a un hombre que corre es un cumplido de supervivencia. Pero también es una maldición. Porque el venado, al final de la temporada de caza, siempre termina siendo carne. Esta vez, la temporada de caza la declaró la Marina. Y el cazador no usa rifle. Usa algoritmos de inteligencia, satélites y órdenes de aprehensión selladas por jueces que ya no creen en la impunidad de los apodos.
Lo que viene en los próximos días es la filtración de los interrogatorios. Y en esos interrogatorios, cuando pregunten por la alianza con la Mayiza, el Venado va a tener que decidir si sigue siendo un venado que corre o se convierte en un venado que habla. Pero eso no lo vamos a saber hasta que los fiscales decidan desclasificar los papeles. Mientras tanto, en el puerto de Manzanillo, los contenedores siguen llegando. Los precursores químicos siguen entrando. Y la guerra, en algún lugar de la sierra de Colima, sigue esperando al próximo venado que no sabe que ya está siendo visto desde el cielo.

